Cualquier grupo humano es, cualitativamente hablando, una muestra
estadísticamente significativa de la humanidad. En realidad uno mismo es una
muestra estadísticamente significativa de la humanidad, aunque un profesional
que se dedique a las estadísticas no compartiría esta afirmación. La humanidad toda conoce lo
que es la inseguridad, el temor, la comparación , la imitación, la
ambición, el egoísmo, el movimiento egocéntrico, todo el inmenso fenómeno del
condicionamiento humano que se plasma en cada uno de nosotros y que ha sido
inculcado desde la cultura, la tradición, la propaganda, el medio y las propias
experiencias.Y cada uno de nosotros sabemos muy bien lo que esos ingredientes psicológicos significan pues están en nuestro interior y se expresan acorde a las circunstancias.
Crecemos y nos formamos con lo que otros nos han
inculcado: la necesidad de sentirnos amparados y apegados al grupo, a la secta y
tener sentido de pertenencia con respecto a la nación de tal forma de
considerarnos a nosotros mismos como chinos, hindúes, argentinos o uruguayos
–jamás se nos transmite que las fronteras son ilusorias y conducen
al caos-, la necesidad de tener éxito, de llegar a ser alguien, el
miedo a no llegar a ser, el afán adquisitivo, la inseguridad de no llegar
a conseguir, la comparación más allá del campo técnico, la sensación de
minusvalía o de omnipotencia al compararnos, y luego el temor a perder aquellas
cosas las que ahora nos apegamos y con las que hemos “tapado” la inseguridad
original.
Si tan sólo echáramos un vistazo a todo aquello que
nos proporciona seguridad (más allá del alimento, refugio, abrigo y salud)
estaríamos cara a cara con las bases de nuestro condicionamiento.
Esto sucede como fenómeno personal en el que
como individuos somos impactados por el sistema; pero quienes crean que el
sistema se reduce tan sólo a determinadas líneas económicas y políticas están
en un error pues es mucho más que eso: me refiero a todo el sistema de
influencias que impacta en nosotros desde la niñez más temprana en la que
somos totalmente vulnerables a las influencias: nuestros padres, nuestra
familia, amigos, vecinos, la educación formal, la propaganda, los medios de comunicación, las jerarquías y hasta nuestras propias experiencias y
convicciones ideológicas son todas fuentes de condicionamiento.
De este modo, el sistema no es algo ajeno a
nosotros sino que somos nosotros mismos. El que lo veamos como algo ajeno
contra lo que tenemos que luchar, evade esta verdad primordial y lo
auto-perpetúa pues en todo caso intentamos borrar con el codo lo que en nuestro
accionar cotidiano escribimos con la mano.
Parte fundamental del condicionamiento
implica el estar convencidos que no hay ninguna otra forma posible de
actuar, de ser, que la resultante de acoplarse al molde de lo colectivo
so pena de caer en el desorden de la anarquía y ser segregado o directamente
expulsado del grupo. Este es otro mecanismo de auto-perpetuación del sistema,
lo que en forma real equivale a mantener el mayor de los desórdenes:
hambrunas, guerras e injusticias sociales de todo tipo.
Pero si muchos individuos se liberaran de este
mecanismo que atrapa al hombre en las entrañas de lo colectivo haciéndole un
mero replicador de sus fundamentos, ¿qué sociedad construirían? En realidad,
sería un gran paso para la humanidad si estuviéramos en condiciones de
plantearnos esta pregunta; pero ellos, los del futuro, deberían
contestarla, no nosotros. Nuestro papel es en este tiempo no
contestar esta pregunta sino poner freno al mecanismo que genera este
gran desorden, individualmente, en cada uno de nosotros, si es que nos
sentimos al menos en parte responsables de lo que sucede en el marco social
actual.
De no hacerlo (tal como ha venido sucediendo hasta
ahora) estaremos condenando a las generaciones futuras a nuestra propia suerte,
más adversa aún debido a la sumatoria de nuevas causas y
efectos.
Luego de ser programado, uno le devuelve a la
sociedad que lo formó -comenzando con nuestros hijos- , la misma moneda.
Es el condicionamiento operando. Es condicionamiento pues respondemos acorde a
ese patrón, acorde a esa norma, a ese “piloto automático” que nos dicta el
rumbo, que nos impele a actuar, a pensar, a sentir, a necesitar. Tan simple
como eso. No hay que darle más vueltas.
Consiguiendo, acoplándonos nos sentimos seguros.
Uno ha encontrado seguridad en la dependencia. ¿vemos eso?. Es nuestra vida.
Una persona materialista diría “no me molesten con eso, déjenme preocuparme de mi cuenta bancaria, estoy preocupado por cambiar mi casa”, y morirá con eso a menos que algo le suceda antes, algo muy fuerte que le haga cuestionar su actitud o se hastíe por completo. No tiene conflicto en las ideas en ese nivel, no desea ser otra cosa, pero su vida está plagada de conflicto que él ha aceptado -segado por la ambición- a cambio del confort, el cual le da placer.
Una persona que se ha hastiado de eso o tal vez le
ha sucedido algo traumático, algo se derrumbó en su vida, o tal vez sólo se
plantea seriamente las cosas, ya saben las diferentes etapas por las que todos
podemos pasar o tal vez porque se siente preocupada, infeliz, tiene problemas
en la relación, etc. puede que comience un camino de búsqueda “espiritual” (no
suelo usar esa palabra porque creo firmemente que actualmente no traduce nada
más que condicionamiento religioso o esotérico). El buscador espiritual está en
conflicto. Eso es obvio. Tiene una idea que ha proyectado como meta: “ser más
espiritual”, “ la paz” ,“el nirvana”, “el samadhi” o estar a la derecha de dios
padre. Lo mismo da. Está en conflicto –ideal vs, hecho real de lo que soy-
porque si no, no estaría buscando y no sentiría la necesidad de pertenecer a
ningún grupo, congregación, o secta. Carga con el condicionamiento y aspira a
otra cosa. Apela a distintos métodos, a rituales, a prácticas y queda
condicionado por ellos. Ha agregado a la lista un condicionamiento “espiritual”
y pueda que recoja algo de su propia proyección, paz auto proyectada,
experiencias auto proyectadas en la meditación, el afecto del grupo que encubre
su soledad, etc. El hecho no ha cambiado, lo que uno realmente es permanece
igual, pero vive ahora en la idea de lo que debería ser. Está en conflicto
aunque no lo asuma, aunque “hable espiritualmente” o haya adquirido ciertos
manerismos esotéricos o religiosos muy refinados. El materialista y el buscador
espiritual que se ha planteado no ser nacionalista se encuentran en el estadio
y se abrazan en el estadio ante un gol de Uruguay. Dos o tres vueltas más de
manija y tal buscador ha entrado en la maquinaria de poder dentro de la
congregación. Ya saben que el conocimiento también da poder, sobre todo si se
lo brindamos a "alguien que no lo posee". El ego se esconde en cada
hueco que encuentra y desde allí se manifiesta.
Uno es todo ese condicionamiento que se ha incrustado en nuestra bioquímica cerebral. Así como se sabe que la ansiedad tiene un perfil bioquímico en el cerebro es obvio que el condicionamiento en su conjunto también lo tiene. No es diferente el condicionamiento a nosotros mismos. Soy el resultado de mis experiencias, soy mis apegos, mis proyecciones, depresiones, angustias, mis sufrimientos con alguna que otra alegría, mis temores, traumas, recuerdos, la búsqueda del éxito y del placer, los logros y los fracasos- y mis reacciones a ellos…, soy el conocimiento, la violencia, las creencias, el aceptar o negar lo que otros hayan dicho, “mi camino” con su separatividad, lo que me agradaría ser y no fui o lo que me gustaría tener y no tuve, mis deseos, codicia, deseos de continuidad aquí o en el más allá, mis deseos de estabilidad y certeza. Soy el resultado de la tradición, de la cultura que me ha condicionado con y sin mi consentimiento, el producto de la educación, de mis padres y amigos, de los consejos y la propaganda y el apego a todo ese contenido. Soy todos esos pensamientos, ideas , agrupados en un centro desde el cual recibo y respondo. Soy todo ese conocimiento acumulado, que en el presente exacto es algo muerto pues corresponde al pasado. Por ello, es tan sencillo percibir que el"yo" es una ilusión.
Es claro que uno puede además cuestionar la realidad del mundo material como lo hizo Kant y lo hacen los "advaitistas" y lo hicieron los hindúes con el concepto de maya, y algún físico cuántico (nadie sabe nada de física cuántica, sólo los físicos cuánticos, pero muchos se hacen gárgaras con la física cuántica, perdonen la disgresión ) pero ellos mismos agacharían la cabeza si alguien les tira un ladrillo, por lo que en la práctica es especulación.
Uno ha encontrado seguridad en eso que es, en su estructura, una seguridad que es ilusoria, no sólo porque pertenece a lo muerto, sino porque la sociedad se ha construido en base a todo eso y estamos al borde del precipicio o mejor, en caída libre. Uno ha encontrado seguridad en el retener un insulto o un halago o una buena experiencia porque le guiará en un sentido u otro en el mañana, pero eso implica quedar condicionados por la propia experiencia. Uno retiene lo muerto – los hechos pasados- para guiarse en lo nuevo y lo único vivo: el presente, y por eso las experiencias propias condicionan y pasan a formar parte del yo, de lo que soy.
Pregunto muy seriamente: ¿qué le pasa a la mente cuando ve que en eso no hay seguridad en absoluto, que no hay seguridad en el yo, en todo el ego, en el conocimiento de ese tipo retenido, no en una parte sino en todo el ego? ¿Qué le pasa cuando ve que para escapar de la inseguridad ha acumulado y en lo acumulado no encuentra seguridad sino sólo dependencia? Este no es un tema intelectual, sino que estamos hablando de hechos. Mientras esta pregunta permanezca en el plano de las ideas dando vueltas, es sencillamente porque uno sigue sintiendo la seguridad en el plano de lo que uno es, con sus condicionamientos religiosos y la parafernalia de las creencias y los rituales, los condicionamientos materiales, en la ofensa guardada, en el halago, en la imagen de uno mismo, o sea en todo lo que uno es. Pero no puede apoyarse un pie en el yo y otro pie en la libertad, dios, la paz o el amor.
Si hicimos el viaje juntos de hecho en hecho y no de idea en idea o de palabra en palabra, verán que esa mente tiene ahora la cualidad de la libertad con respecto al viejo condicionamiento.
En ese punto, la percepción es sencillamente la misma vida manifestándose y es el estado más simple de existencia humana.
La libertad con
respecto al viejo condicionamiento genera, claramente, una nueva
condición, un punto de partida nuevo, el cual se actualiza a cada instante, en
cada mañana al abrir los ojos, en cada momento, sin que pensemos en ello. La
mente está en su condición original, y la conciencia, la capacidad de darse
cuenta de… es ahora la conciencia original.
El momento es ahora. No hay otro momento. Mientras uno establezca el mañana, está perdido en el ideal, en lo que debe ser, en lo que debe hacer, lo que equivale a estar atrapado en el tiempo como futuro y pasado.
Pero nosotros no tenemos un mañana. La toma de conciencia urge; la sensibilidad, el amor, la libertad, se deben manifestar hoy pues la relación es hoy. Hoy vamos a relacionarnos con nuestros hijos, con la gente, con el bosque. Todo depende de cada uno de nosotros y debemos responder hoy.
Este acto de conciencia, integral, completo y sin propósito, es lo que nos confirma a nosotros, los humanos, como entidades con una cualidad "espiritual".
El momento es ahora. No hay otro momento. Mientras uno establezca el mañana, está perdido en el ideal, en lo que debe ser, en lo que debe hacer, lo que equivale a estar atrapado en el tiempo como futuro y pasado.
Pero nosotros no tenemos un mañana. La toma de conciencia urge; la sensibilidad, el amor, la libertad, se deben manifestar hoy pues la relación es hoy. Hoy vamos a relacionarnos con nuestros hijos, con la gente, con el bosque. Todo depende de cada uno de nosotros y debemos responder hoy.
Este acto de conciencia, integral, completo y sin propósito, es lo que nos confirma a nosotros, los humanos, como entidades con una cualidad "espiritual".